Edgar Lee Masters - Reuben Pantier & Emily Sparks


Edgar Lee Masters - Reuben Pantier & Emily Sparks
Edgar Lee Masters (Garnett, Kansas, 23 de agosto de 1868 - Melrose Park, Pensilvania, 5 de marzo de 1950)


Reuben Pantier

Bien, Emily Sparks, tus plegarias no fueron ignoradas,
Ni tu amor fue del todo en vano.
Lo que sea que haya sido en la vida lo debo
A tu esperanza en que no me rendiría,
A tu amor, que siempre me veía bueno.
Querida Emily, déjame contarte la historia.
Pasando por alto la influencia de mis padres,
La hija de la sombrerera me trajo problemas
Entonces me fui y me perdí por el mundo,
Donde padecí todo los peligros conocidos
Del vino, de las mujeres y del goce de la vida.
Un noche, en un cuarto de la Rue de Rivoli,
Tomaba vino con una cocotte de ojos negros,
Cuando las lágrimas inundaron mis ojos.
Ella creyó que eran lágrimas de amor y sonreía,
Pensando que me había conquistado.
Pero mi alma estaba a tres mil millas de allí,
En los días en que me enseñabas, en Spoon River.
Y porque ya nunca más podrías amarme,
Ni rezar por mi, ni escribirme cartas,
Tu eterno silencio hablaba por ti.
Y la cocotte de ojos negros creyó que las lágrimas eran para ella,
Tal como los falsos besos que le dí.
Y de algún modo, desde ese momento, tuve una visión nueva.
¡Querida Emily Sparks!



Emily Sparks

¿Dónde está mi muchacho, mi muchacho,
En qué lugar lejano del mundo;
El muchacho al que amé más que a todos en la escuela?-
Yo, la maestra, la vieja doncella de corazón virgen,
La que hizo de todos ellos mis hijos.
¿Conocí bien a mi muchacho,
Considerándolo un corazón ardiente,
Activo, siempre ambicioso?
Oh muchacho, muchacho por quien recé y recé
En tantas horas desveladas de la noche,
¿Recuerdas la carta que te escribí
Acerca del precioso amor de Cristo?
Si alguna vez lo aceptaste o no,
Mi muchacho,donde sea que estés,
Trabaja por el bien de tu alma,
Que todo tu barro y toda tu escoria,
Cedan ante tu fuego,
Hasta que el fuego no sea sino luz...
Nada más que luz.


Versión: Isaías Garde




Reuben Pantier

WELL, Emily Sparks, your prayers were not wasted,
Your love was not all in vain.
I owe whatever I was in life
To your hope that would not give me up,
To your love that saw me still as good.
Dear Emily Sparks, let me tell you the story.
I pass the effect of my father and mother;
The milliner's daughter made me trouble
And out I went in the world,
Where I passed through every peril known
Of wine and women and joy of life.
One night, in a room in the Rue de Rivoli,
I was drinking wine with a black-eyed cocotte,
And the tears swam into my eyes.
She though they were amorous tears and smiled
For thought of her conquest over me.
But my soul was three thousand miles away,
In the days when you taught me in Spoon River.
And just because you no more could love me,
Nor pray for me, nor write me letters,
The eternal silence of you spoke instead.
And the Black-eyed cocotte took the tears for hers,
As well as the deceiving kisses I gave her.
Somehow, from that hour, I had a new vision
Dear Emily Sparks!


Emily Sparks

Where is my boy, my boy
In what far part of the world?
The boy I loved best of all in the school?--
I, the teacher, the old maid, the virgin heart,
Who made them all my children.
Did I know my boy aright,
Thinking of him as a spirit aflame,
Active, ever aspiring?
Oh, boy, boy, for whom I prayed and prayed
In many a watchful hour at night,
Do you remember the letter I wrote you
Of the beautiful love of Christ?
And whether you ever took it or not,
My, boy, wherever you are,
Work for your soul's sake,
That all the clay of you, all of the dross of you,
May yield to the fire of you,
Till the fire is nothing but light!...
Nothing but light!


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