Marianne Moore - La poesía


Marianne Moore - La poesía
Marianne Moore (15 de noviembre de 1887 - 5 de febrero de 1972)


A mí tampoco me gusta la poesía: hay cosas importantes más allá
de toda esa tramoya.
Leyéndola, no obstante, con perfecto desprecio, uno descubre en
ella, después de todo, algún espacio para lo genuino.
Manos capaces de agarrar, ojos que pueden dilatarse, cabellos que se erizan
si es preciso, esas cosas son importantes, no porque

las imponga una enunciación grandilocuente sino porque son
útiles. Cuando eso deriva hacia lo ininteligible,
lo mismo sucede con nosotros, que
no admiramos aquello
que no podemos entender: el murciélago
colgando hacia abajo o en procura de algo

para comer, el empuje del elefante, la rodada de un caballo salvaje, un
lobo infatigable bajo un árbol, el critico impertérrito sacudiendo su piel como un caballo
picado por una pulga, el fanático del beisbol, el estadístico.
No es válido tampoco
discriminar entre "papeles comerciales
y libros escolares"; todos esos fenómenos son importantes. Sin embargo, hay una distinción que

podemos hacer: cuando esto es expresado por poetas mediocres, el
resultado no es poesía,
hasta que nuestros poetas no sepan ser
"literalistas de la imaginación" por encima
de la insolencia y la trivialidad y puedan presentar a

examen "jardines imaginarios cuyos sapos sean reales"
no tendremos poesía.
Mientras tanto, si por un lado reclamás
la materia prima poética en toda su crudeza,
y por otro lado lo genuino, quiere decir que estás interesado en la poesía.


Versión: Isaías Garde





Marianne Moore - Poetry


I, too, dislike it: there are things that are important beyond
      all this fiddle.
   Reading it, however, with a perfect contempt for it, one
      discovers in
   it after all, a place for the genuine.
      Hands that can grasp, eyes
      that can dilate, hair that can rise
         if it must, these things are important not because a

high-sounding interpretation can be put upon them but because
      they are
   useful. When they become so derivative as to become
      unintelligible,
   the same thing may be said for all of us, that we
      do not admire what
      we cannot understand: the bat
         holding on upside down or in quest of something to 

eat, elephants pushing, a wild horse taking a roll, a tireless
      wolf under
   a tree, the immovable critic twitching his skin like a horse
      that feels a flea, the base-
   ball fan, the statistician--
      nor is it valid
         to discriminate against “business documents and

school-books”; all these phenomena are important. One must make
      a distinction
   however: when dragged into prominence by half poets, the
      result is not poetry,
   nor till the poets among us can be
     “literalists of
      the imagination”--above
         insolence and triviality and can present

for inspection, “imaginary gardens with real toads in them,"
      shall we have
   it. In the meantime, if you demand on the one hand,
   the raw material of poetry in
      all its rawness and
      that which is on the other hand
         genuine, you are interested in poetry.


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